Hace poco más de un mes, EL LIBERTADOR hizo público el pedido desesperado de Analía Benítez, mamá de David, un chiquito de 7 años que fue diagnosticado con cáncer en septiembre. El pequeño debe ser sometido a tratamientos de quimioterapia periódicamente y los médicos le exigieron que debía tener una vivienda con todas las condiciones de higiene. La mamá solicitó ayuda a la población porque la casilla de madera en la que vive con él y sus otros cuatro hijos era muy precaria, y la salud del niño estaba en riesgo. Hoy, su situación es muy diferente.
Después de la publicación, las respuestas comenzaron a llegar de parte de muchas personas que se hicieron eco del llamado solidario. Ahora, gracias al compromiso general, el Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia les facilitó otra vivienda prefabricada. No es la misma que exigen los médicos, pero cumple con varios de los requisitos y es provisoria, ya que al mismo tiempo una funcionaria provincial se ocupó del financiamiento de los materiales para la construcción de una casa que responda a los requerimientos.
"Estamos muy felices, porque de no saber qué más hacer, ahora mi hijo puede estar mucho mejor. Es mucho lo que tenemos que agradecer por la respuesta que nos dieron", dijo Analía a este medio tras una reciente visita a su nueva vivienda.
A la par, vecinos de diferentes puntos de la ciudad, e incluso de localidades del Interior, se unieron desinteresadamente a la campaña y colaboraron con donaciones de todo tipo a la familia.
Sobre la salud de David, indicó que continúa con el tratamiento cada 15 días en el hospital Juan Pablo II y que va respondiendo bien porque los resultados de los análisis son alentadores. "Pero tiene que seguir con la quimioterapia por varios meses más", agregó su mamá.
Y en cuanto a las colaboraciones de quienes deseen continuar ayudando a esta humilde familia, cualquier donación es bienvenida. El número de celular de Analía es el 3794 063319 y el que quiera hacer su aporte, sólo debe comunicarse con ella. "Estamos más que agradecidos por esto, porque todo es por él", completó.
Un antes y después para la familia
La preocupación por la salud de David se debía a las condiciones de extremo riesgo en que vivían, no sólo por la precaria casilla de madera que no tenía siquiera piso de material, sino también por la contaminación ambiental a la que están expuestos en la zona. Su terreno está rodeado por desagües a cielo abierto, que recién luego de la publicación comenzaron a ser limpiados. Y todavía faltan muchos más trabajos sobre el lugar.
Pero ahora la situación de todos mejoró de manera significativa. "Tener esta nueva casita es un gran paso, en comparación a cómo vivíamos hasta hace un mes. David tiene que seguir con su tratamiento por supuesto, pero esto es un gran alivio mientras nos ocupamos de la construcción de la casa de material que pidieron los médicos. Cosa que tenemos que agradecerle a la señora Nora Nazar, porque fue la que pagó por los materiales", expresó la mamá del niño.
La escolaridad es otra cuestión
Como lo dijo desde el primer momento, Analía sostiene que el mejor sostén anímico que tiene David son sus hermanos. "Como son sus primeras sesiones de quimioterapia, todavía lo vemos bien. Nos dijeron que iba a estar decaído, pero él está tranquilo. La presencia de sus hermanos también lo ayuda mucho. Ellos juegan con él, no lo dejan solo y eso lo reconforta mucho. Más ahora, que no puede ir a la escuela. Los chicos se llevan muy bien y se cuidan bastante entre todos; eso a David le hace bien y se le nota. Ahora toca ver cómo evoluciona con el correr del tiempo y el avance del tratamiento", dijo en la primera entrevista.
Ahora sigue latente el problema de la escuela porque desde que David fue diagnosticado, tuvo que dejar de ir, al igual que sus hermanos. "Es un tema porque necesitan ayuda escolar, porque les mandan tareas y a nosotros nos cuesta enseñarles", mencionó.
El Libertador

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