Puesteros del puerto adelantaron que resistirán el posible traslado a “El Piso”

En pocas semanas cumplirán 29 años en el lugar. Los comerciantes cuen­tan el esfuerzo invertido y que bus­carán respuestas oficiales.

En enero de 1988, 56 puesteros fueron sacados del ex Mercado Central (San Juan y Agustín González) e instalados en el puerto. En algunas semanas cumplirán 29 años de ventas en el lu­gar, la fecha coincidirá con el traslado que la Comuna ya tendría planificado, para dar comienzo a las obras de construcción de la playa de transferencia de colectivos.

No fueron pocos los in­tentos por mudar a los co­merciantes del “mercadito paraguayo”, ahora la de­cisión estaría tomada por parte del ejecutivo que, días atrás, dio a conocer las obras de modernización del espacio, para convertirlo en una playa de transferencia de unidades del transporte urbano y ampliar el paseo costero.

NORTE de Corrientes, visitó el lugar para cono­cer su historia, dialogar con quienes vivieron años dentro de los angostos pa­sillos abarrotados de ropa, zapatillas y todos aquellos elementos de moda que salieron a la venta a lo lar­go del tiempo. Las perchas abundan, sus techos bajos de chapa son fríos en in­vierno y calurosos en ve­rano, pero los vendedores aprendieron a resistir todo. Trabajan de lunes a lunes de 8 a 21 y aseguran que las ventas han caído en los últi­mos 10 años.

Hugo, un vendedor del lugar, recuerda todo y cuen­ta en detalle cómo fue pa­sando el tiempo. “A fines de 1987 la intendente Ana Ma­ría Pando nos dijo que nos iba a reubicar, nos permitió que pasemos las fiestas de fin de año en el mercado y en enero de 1988 nos muda­mos, en ese momento había 56 puestos”, comienza con­tando.

Desde aquel día a la ac­tualidad muchas fueron las historias del “mercadito paraguayo”, apodo colo­rido que recibió debido al origen de sus productos, que acompañaron el creci­miento del lugar. Una fuer­te tormenta amenazó con dejarlos sin techo y varias veces el río logró ingresar por bajo el barandal, pero sin producir daños. “Yo creo que todos los correntinos entraron al menos una vez, hemos visto pasar a perso­nas de la cultura y la políti­ca, gente de alta alcurnia”, cuenta otro comerciante, como un recuerdo imbo­rrable que guardan en sus memorias.

Otra de las que supo ga­nar el pan de cada día con las ventas diarias, dijo que, al igual que los días en los que las personas se amon­tonaban para comprar, “hace 15 años para esta fe­cha las ventas eran extraor­dinarias, fueron épocas de oro”.

Una gran variedad de productos y a bajo costo los caracterizan, además de la amabilidad de los vende­dores, que no dejan pasar al cliente sin ofrecerle algo. “Muchas veces nos quisie­ron sacar, planearon di­versas cosas, pero nadie lo logró, estamos acá por reso­lución, no va a ser fácil que nos vayamos”, coincidieron los puesteros consultados.

“Nos dijeron que nos quieren llevar al Piso, pero comunicación formal no te­nemos, por eso decidimos que esta semana vamos a ir a la Municipalidad un grupito pequeño a buscar respuestas, si tienen un proyecto que nos incluya lo queremos conocer, pero adelantamos que no va a ser fácil que nos saquen de buenas a primeras”, asegu­ró Hugo.

Actualmente 60 puestos y unas 200 familias traba­jan en el lugar, vendiendo una casi infinita lista de productos, muchas de ellos traídos de Paraguay y otros de Buenos Aires.

“Acá todos somos exper­tos buscadores de precios, lo importante que es la gen­te que entre acá buscando algo lo encuentre al me­jor valor y además se lleve otras cosas”, insistió.

“Sabemos que si nos va­mos al Piso, las ventas van a caer por varias razones, pri­mero por la ubicación y se­gundo por la competencia, por eso entendemos que no es viable”, remarcó. s

CONTEXTO

La instalación del mercado del puerto data del año 1988. Espacio comercial que se creó por una reso­lución de la por enton­ces intendente capita­lina Ana María Pando, quien para liberar de vendedores ambu­lantes el predio del ex Mercado Central dictó una norma por la que se autorizaba su traslado en forma transitoria al puerto, allí instaló 56 módulos pequeños que con el paso del tiempo fue­ron mejorando hasta convertirse en un espacio cerrado. A casi 29 años los vendedo­res se establecieron de manera permanente.
Norte
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