Prohibido mirar hacia arriba. El mensaje no figura en ninguno de los muchos carteles indicadores que decoran las paredes del hospital Pediátrico Juan Pablo II, pero bien valdría tener uno con ese imperativo. El techo del edificio, en algunas áreas, da miedo. La gente que llega por primera vez al lugar tiene la sensación de que en cualquier momento se puede desprender el cielorraso o se puede desplomar alguno de los tubos que deberían estar ocultos detrás de los paneles. Afortunadamente nada de eso sucede, pero el temor se instala en los visitantes primerizos que no dejan de mirar hacia arriba.
El techo del Pediátrico no goza de buena salud. Es una pena, porque ofrece una impresión lastimosa que no coincide con el esfuerzo que hace el personal para atender con profesionalidad a los niños, y a sus padres que los acompañan. La imagen es de abandono, varios de los paneles de metal y durlock que componen el cielorraso desaparecieron y otros están en el mismo camino.
Lo más grave es que algunos paneles están colgando y el desplome es sólo cuestión de tiempo, ojalá ocurra cuando no haya ninguna persona abajo. Ayer un equipo de NORTE de Corrientes estuvo en el lugar y pudo constatar y sacar fotos, en la zona exterior del edificio, que prueban el deterioro que sufre el Pediátrico y que dicen, no es nuevo.
Algunas fuentes consultadas señalaron que los desprendimientos comenzaron hace por lo menos un lustro y que pese a los reclamos nunca se hizo una reparación. Este diario intentó sin éxito contactarse con la directora Estela Machado, pero la doctora estaba ocupada. En el área de Emergencia, muy cerca de allí también funciona el vacunatorio, se pueden observar los agujeros en el cielorraso, que dejan expuestos los ductos del aire acondicionado central. Esos tubos gigantes, rectangulares, están recubiertos de un producto especial (lana de vidrio) que ayuda a conservar la temperatura, pero como consecuencia de la exposición también están desprendiéndose.
La mugre, propia de esos lugares cerrados, también aflora por los boquetes. También faltan pedazos de cielorraso en los corredores laterales del edificio y se los puede ver sin necesidad de ingresar al hospital. En los pasillos interiores el paisaje es similar, según dicen. Ayer, además, el cuadro se complicó por la torrencial lluvia que cayó en esta capital en horas de la mañana y que hizo estragos en algunos sectores donde el techo tiene filtraciones. "Nada grave, igual se trabaja", dijo un empleado acostumbrado a ver tachos de plástico en medio de un pasillo.
De verdad las goteras no impidieron que la tarea continuara, es que la salud de los chicos se antepone a todo y el personal del Pediátrico hace honor a esa premisa, pese a las deficiencias edilicias que enfrentan a diario. Los agujeros en el techo tampoco son de tal gravedad que impidan seguir trabajando, el punto es que ofrece la peor imagen del sistema hospitalario. O acaso corresponde decir que ofrece la imagen real del sistema hospitalario. "Vamos para adelante", mientras no se le caiga un panel en la cabeza a algún padre o a un chico. Por las dudas, lo mejor sería retirarlo antes.
DIARIO NORTE

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